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Espiritualidad¿Bienaventurados los pobres?Bienaventurados los pobres... Pero ¿son realmente bienaventurados o dichosos los pobres? ¿Son felices los sufrientes concretos que señalaba Jesús y que continúan siendo mayoría en Chile y en el planeta? Las bienaventuranzas resumen la singularidad y la revolución del Evangelio. Esta Buena Nueva no nos pueden dejar indiferentes.
Las bienaventuranzas de Jesús, en primer lugar, hacen visible la “realidad realmente existente” y nos enfrentan con el dolor de los sufrientes reales. Jesús habla de pobres con una precisión notable: los desheredados, hambrientos y afligidos. En un mundo acostumbrado a esconder el rostro, dotado de potentes mecanismos especializados en enmascarar la realidad, las bienaventuranzas nos muestran lo que con tanta frecuencia intenta encubrirse. Sin ir más lejos en Chile los pobres hemos sido divididos, existen “los pobres pobres” y los de “extrema pobreza”, así las estadísticas actuales muestran que los pobres: ¡han disminuido! En segundo lugar, las Bienaventuranzas invierten la realidad. Pero no como un sueño, sino en un lugar y un espacio bien concretos: las manos de Jesús que anuncian y liberan a los oprimidos; nuestras manos en cada gesto de liberación en la historia. Y, por último, nos hablan de un Dios de los pobres que actúa desde la debilidad.
Y, aquí aparece nuestra propia vida. En nuestra oración, al reconocernos débiles y pobres, al sentirnos vulnerables y ponernos en sus manos, descubrimos nuestra verdad y nos hacemos más cercanos a las personas. Crece sorprendentemente nuestra capacidad para acoger, haciendo brotar a nuestro alrededor la dignidad y la libertad. Se habla de una experiencia de pobreza personal, de un sentimiento de carencia casi completa. La cercanía y el cariño recibidos hicieron que su dignidad no pereciera. Es la experiencia de comunidad. El proyecto de fraternidad, justicia y paz al que los sufrientes reales nos siguen convocando. El proyecto en el que los afligidos son consolados, y los hambrientos saciados. Esperanza histórica, teñida de tensiones y de pasión, de cansancios y también de sueños.
En este proyecto hay un componente fatal: ¿qué hacer?, ¿cuál es la tarea?. Esfuerzos, opciones, compromisos, coherencias... También incomprensiones sociales y rechazos que pueden llevarnos a incómodas debilidades y al desencanto. Quizás nuestra vida de pobre sea la versión actual de la persecución, del rechazo... “vives en una población marginal... no hay trabajo”. A esta tarea estamos moldeados: muchas interpretaciones de la excelencia personal, de la exigencia para demostrar nuestros talentos... Exigencias y exigencias. Es nuestra historia y también nuestra pregunta: ¿Realmente estamos construyendo desde nuestra debilidad o desde nuestra grandeza? ¿Cuánta dependencia de los logros y éxitos tangibles, del reconocimiento de nuestra entrega, del afán de distinción se nos acaba entrando por los poros inconscientes de nuestras vidas? Voy a la Municipalidad y me tramitan...no hay respuesta. Voy al Consultorio y no hay remedios... debo esperar... ni siquiera una respuesta justa del funcionario... me trata mal y ¡él es otro pobre como yo! ¡Debo orar por él! ¡Debemos orar juntos!
¡Válgame Dios!
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